EL CATECISMO MENOR

EL CATECISMO MENOR

PREFACIO

Por qué el doctor Martín Lutero escribió este Catecismo

El año 1527 Lutero fue nombrado visitador de las iglesias por su soberano, el príncipe Juan, elector de Sajonia (en Alemania). Al visitar las varias congregaciones de su distrito, Lutero encontró en las iglesias una verdadera miseria espiritual. Solamente en las grandes ciudades había una instrucción religiosa tolerable. Pero en las aldeas y en el campo mucha gente, bajo el nombre de cristianos, vivía abiertamente en pecados y vicios. Todos ellos habían sido bautizados y gozaban del privilegio de comulgar, mas no habían aprendido ni aun las partes más necesarias de la doctrina cristiana.

¿Y cómo podían aprenderlas? Si también “muchos párrocos o curas eran ineptos e incompetentes para enseñar…, sin saber tan siquiera el Padrenuestro, ni el Credo, ni los Diez Mandamientos, viviendo muchos de ellos como bestias.” Y ahora, desde el año 1517, se les predicaba “la salvación por la fe, sin las obras de la Ley”, y esto lo tomaron muchos, tanto sacerdotes como feligreses, como un permiso general para pecar más aún. Quitadas las falsas y onerosas leyes impuestas por el papa, ahora abusaban en grande escala de la libertad que les trajo el Evangelio.

Pero, preguntaréis, ¿no había obispos que cuidasen de la enseñanza y que obligaran a los curas a cumplir con los deberes de su oficio? Sí, ciertamente que había obispos. Pero desgraciadamente muchos de ellos, si bien que sabían mejor la doctrina cristiana, daban más importancia a la política, a las guerras, a la busca de riquezas que a sus deberes espirituales. No pocos de ellos aun daban ejemplos de una vida ociosa e impía, y así no ejercían verdaderamente, ni siquiera por un momento, su ministerio sagrado. Más todavía: los mismos obispos falsificaban la Santa Cena, quitando al pueblo la copa de bendición con la sangre del Señor, e introdujeron otras doctrinas contrarias a la Palabra de Dios. Mientras tanto, ni averiguaban si la gente sabía el Padrenuestro, el Credo, los Diez Mandamientos, o cualquiera otra parte de la Palabra de Dios. “¡Ah, obispos! exclama Lutero ¿qué cuentas rendiréis a Cristo algún día por el descuido ignominioso en que habéis tenido al pueblo?… ¡Qué el juicio no caiga sobre vosotros!.” Naturalmente, en aquel tiempo no había libro de instrucción religiosa, y una Biblia valía casi una fortuna; además, la mayoría de la gente no sabía leer.

Fue después de esta visitación de las iglesias que Lutero se puso a escribir una forma sencilla de la doctrina cristiana. A los textos ya conocidos de los Diez Mandamientos, del Credo, del Padrenuestro, añadió sus insuperables explicaciones. A todo esto adicionó las palabras de los Sacramentos, también con excelentes explicaciones, enseñando lo que es el Santo Bautismo y la Santa Cena según las Sagradas Escrituras, y como un cristiano debe utilizar estos únicos dos Sacramentos ordenados para nuestra salud por Dios mismo. Hizo que esta enseñanza necesaria y utilísima se imprimiera en tablas de cartón para que se pudiesen colgar de la pared, sirviendo así a toda una clase. Solamente más tarde fueron estampadas estas Partes Principales en un Enchiridion o “libretín manual”, en el cual se hallaban también las oraciones más necesarias y la Tabla de Deberes de textos selectos de la Biblia. En esta forma el Catecismo Menor de Lutero se ha impreso en ediciones innumerables a través de más de cuatro siglos, y traducido en muchísimos idiomas. Ha sido llamado la Biblia de los Legos por lo útil que es para enseñar las verdades eternas y salvadoras de la Palabra de Dios a los niños y a personas de poca o mucha erudición. Casi al mismo tiempo apareció un libro más extenso sobre las mismas Partes Principales, llamado por Lutero el Catecismo Mayor.

Cómo se ha de usar el Catecismo

Editando sus primeras tablas del Catecismo, Lutero añadió unos excelentes consejos para usarlo con el mayor provecho:

1.Escoger una forma buena del texto, ya sea esta u otra cualquiera, y adherirse a ella año tras año, para no confundir a los niños y jóvenes por cambios en el texto. “Sin que cambiemos una sílaba siquiera…”, escribe Lutero.

2.Exigir e insistir que los alumnos aprendan este texto escogido de memoria, palabra por palabra, repitiéndolo muchas veces, hasta que se les quede grabado en la memoria para toda la vida.

3.“Cuando hayan aprendido el texto de memoria, enseñarles también el sentido del mismo, de manera que conozcan su significado… No es necesario tomar todas las partes a una vez.”

4.“Después de haberles enseñado el Catecismo Menor, tomar el Catecismo Mayor e impartirles un conocimiento más abundante y extenso.” Para este fin tenemos hoy día el excelente catecismo llamado Exposición Breve del Catecismo Menor, con su arreglo insuperable de preguntas y respuestas, y su rica colección de textos bíblicos para explicar y comprobar las doctrinas expuestas, y con referencias a gran número de historias bíblicas. En la edición encuadernada de este presente libro la Exposición Breve se encuentra después de las Preguntas Cristianas, a empezar en la página 22).

5.“Por último, como ya la tiranía del papa ha desaparecido, encontramos que muchos no acuden a la Santa Cena, sino que la desprecian. Por lo tanto, es necesario que apremiemos en esto, sin olvidar desde luego que no debemos forzar a nadie a que crea o a que reciba la Santa Cena, ni tampoco fijarle ley, tiempo, o sitio para la misma; sino que debemos predicar de tal manera que podamos inculcar en ellos el deseo de acudir a los Sacramentos… Esto lo podemos lograr diciéndoles que si uno no solicita o desea participar de la Santa Cena al menos cuatro veces al año, desprecia el Sacramento y no es cristiano, poniéndose al nivel de aquel que no cree o rehúsa el Evangelio.”

Una amonestación seria de Lutero

“Por lo tanto no necesitáis imponer leyes con respecto a este Sacramento, como ocurre en la iglesia papista; mas exponed con claridad el beneficio y el perjuicio, la necesidad y el uso, el peligro y la bendición de la Santa Cena, y la gente vendrá a ella de su propia voluntad sin necesidad de compulsión…”

“Por lo tanto velad, pastores y predicadores; nuestro cargo es muy diferente de lo que era cuando estábamos bajo el dominio del papa. Ahora es un cargo serio y saludable, y requiere más incomodidad y trabajo, más peligro y sufrimiento, y no nos asegura mucha recompensa y gratitud en este mundo. Mas si trabajamos fielmente, Cristo mismo será nuestra recompensa. ¡Que el Señor de la divina gracia nos conceda esto! ¡A Él solo alabemos y le demos gracias eternamente por Jesucristo, nuestro Señor! Amén.”

I. LOS DIEZ MANDAMIENTOS

Cómo el jefe de familia debe enseñarlos con toda sencillez en su casa.

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El Primer Mandamiento

No tendrás otros dioses delante de mí.

¿Qué significa esto?

Debemos temer y amar a Dios y confiar en Él sobre todas las cosas.

El Segundo Mandamiento

No tomarás el nombre de Dios en vano.

¿Qué significa esto?

Debemos temer y amar a Dios y por lo tanto no maldecir, ni jurar, ni hechizar, ni mentir o engañar en su nombre; mas debemos invocarlo en todas las necesidades, orar, alabar y darle gracias.

El Tercer Mandamiento

Santifica el día de reposo.

¿Qué significa esto?

Debemos temer y amar a Dios y por lo tanto no tener en poco la predicación y su Palabra; mas debemos tenerla por santa, y oírla y aprenderla de buena gana.

El Cuarto Mandamiento

Honra a tu padre y a tu madre, para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.

¿Qué significa esto?

Debemos temer y amar a Dios y por lo tanto no menospreciar ni enojar a nuestros padres y superiores; mas debemos respetarlos, servirles, obedecerles y quererles bien.

El Quinto Mandamiento

No matarás.

¿Qué significa esto?

Debemos temer y amar a Dios y por lo tanto no hacerle daño o mal alguno a nuestro prójimo en su cuerpo; mas debemos ayudarlo y hacerlo prosperar en todas las necesidades de su vida.

El Sexto Mandamiento

No cometerás adulterio.

¿Qué significa esto?

Debemos temer y amar a Dios y por lo tanto llevar una vida casta y honesta en palabras y obras; y los esposos deben amarse y honrarse mutuamente.

El Séptimo Mandamiento

No hurtarás.

¿Qué significa esto?

Debemos temer y amar a Dios y por lo tanto no quitar a nuestro prójimo su dinero o bienes, ni conseguirlos por falsas mercaderías o negocios; mas debemos ayudarlo a conservar y mejorar sus bienes y medios de vida.

El Octavo Mandamiento

No hablarás falso testimonio contra tu prójimo.

¿Qué significa esto?

Debemos temer y amar a Dios y por lo tanto falsamente no mentir, traicionar, calumniar o desacreditar a nuestro prójimo; mas debemos disculparlo, hablar bien de él e interpretar todo en el mejor sentido.

El Noveno Mandamiento

No codiciarás la casa de tu prójimo.

¿Qué significa esto?

Debemos temer y amar a Dios y por lo tanto no desear con astucia la herencia o casa de nuestro prójimo, ni apoderarnos de ellas con apariencia de derecho; mas debemos ayudarlo y serle útiles para que las conserve.

El Décimo Mandamiento

No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, criada o ganado, ni nada de lo que tenga.

¿Qué significa esto?

Debemos temer y amar a Dios y por lo tanto no seducir, ni alejar o apartar de nuestro prójimo, a su mujer, criados o ganado; mas debemos instarles a que se queden y cumplan con sus deberes.

¿Qué dice Dios de todos estos Mandamientos?

Dice así: Yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos, hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen; y hago misericordia en millares a los que me aman y guardan mis Mandamientos.

¿Qué significa esto?

Dios amenaza castigar a todos los que traspasan estos Mandamientos; por lo tanto debemos temer su ira y no hacer nada contra ellos. Mas Él promete gracia y todo bien a todos los que guardan tales mandamientos; por lo tanto debemos también amarlo, confiar en Él, y gustosamente vivir de acuerdo con sus Mandamientos.

II. EL CREDO

Cómo el jefe de familia debe enseñarlo con toda sencillez en su casa.

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El Primer Artículo: La Creación

Creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.

¿Qué significa esto?

Creo que Dios me ha creado, y a todas las criaturas; que me ha dado cuerpo y alma, ojos, oídos y todos los miembros, la razón y todos los sentidos, y los sostiene aún; además, me da vestido y calzado, comida y bebida, casa y hogar, esposa e hijos, hacienda y ganado, y todos los bienes; me provee abundante y diariamente de todo lo necesario para la vida, me ampara contra todo peligro, y me guarda y protege de todo mal; y todo esto lo hace únicamente por su bondad y misericordia divina y paternal, sin ningún mérito o dignidad alguna de mi parte; por todo esto debo darle gracias, alabarlo, servirle y obedecerle. Esto es ciertamente la verdad.

El Segundo Artículo: La Redención

Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor; que fue concebido por obra del Espíritu Santo; nació de la virgen María; padeció bajo el poder de Poncio Pilatos; fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos, y está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso, y desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.

¿Qué significa esto?

Creo que Jesucristo, verdadero Dios, engendrado del Padre desde la eternidad, y también verdadero hombre, nacido de la virgen María, es mi Señor; que me ha redimido a mí, hombre perdido y condenado, me ha rescatado y ganado de todos los pecados, de la muerte y del poder del diablo; no con oro o plata, sino con su santa, preciosa sangre, y con su inocente pasión y muerte, para que yo sea suyo, y viva bajo Él en su reino y le sirva en eterna justicia, inocencia y bienaventuranza, así como Él, resucitado de entre los muertos, vive y reina en la eternidad. Esto es ciertamente la verdad.

El Tercer Artículo: La Santificación

Creo en el Espíritu Santo; la santa iglesia cristiana, la comunión de los santos; la remisión de los pecados; la resurrección de la carne; y la vida perdurable. Amén.

¿Qué significa esto?

Creo que, por mi propia razón o poder, no puedo creer en Jesucristo mi Señor, ni venir a Él; sino que el Espíritu Santo me ha llamado por el evangelio, iluminado con sus dones, santificado y conservado en la verdadera fe; así como llama, congrega, ilumina y santifica a toda la cristiandad en la tierra, y la conserva en Jesucristo en la única verdadera fe; y en esta cristiandad Él me perdona todos los pecados a mí y a todos los creyentes diaria y abundantemente, y en el postrer día me resucitará con todos los muertos, y me dará en Cristo a mí y a todos los creyentes la vida eterna. Esto es ciertamente la verdad.

III. EL PADRENUESTRO

Cómo el jefe de familia debe enseñarlo con toda sencillez en su casa.

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Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre; venga tu reino; hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día dánoslo hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación; mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

La Introducción

Padre nuestro que estás en los cielos.

¿Qué significa esto?

Dios, por estas palabras, quiere atraernos cariñosamente, para que creamos que Él es nuestro verdadero Padre, y nosotros sus verdaderos hijos, y para que le roguemos con seguridad y confianza como los hijos amados a su amoroso padre.

La Primera Petición

Santificado sea tu nombre.

¿Qué significa esto?

El nombre de Dios es, en verdad, santo en sí mismo, mas rogamos en esta petición que sea santificado también entre nosotros.

¿Cómo se hace esto?

Se santifica el nombre de Dios cuando la Palabra divina se enseña con toda claridad y pureza, y nosotros, como hijos de Dios, vivimos conforme a ella de una manera santa. ¡Ayúdanos a esto, amado Padre celestial! Mas el que enseña y vive de modo diferente de lo que enseña la Palabra de Dios, profana entre nosotros el nombre de Dios. ¡Líbranos de esto, amado Padre celestial!

La Segunda Petición

Venga tu reino.

¿Qué significa esto?

El reino de Dios viene, en verdad, por sí mismo sin nuestra oración; mas rogamos en esta petición que venga también a nosotros.

¿Cómo se hace esto?

Viene el reino de Dios cuando nuestro Padre celestial nos da su Espíritu Santo, de modo que por su gracia creamos su santa Palabra y vivamos en santidad, aquí temporalmente y allá para siempre.

La Tercera Petición

Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

¿Qué significa esto?

La buena y misericordiosa voluntad de Dios se hace, en verdad, sin nuestra oración; mas rogamos en esta petición que se haga también entre nosotros.

¿Cómo se hace esto?

La voluntad de Dios se hace cuando Dios quebranta e impide todo mal consejo y voluntad perversa, que estorbarían santificar el nombre de Dios, o no permitirían que su reino viniese a nosotros, tales como la voluntad del diablo, del mundo y de nuestra propia carne; y cuando Él nos fortalece y conserva firmes en su Palabra y en la fe hasta el fin. Todo esto es su misericordiosa y buena voluntad.

La Cuarta Petición

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.

¿Qué significa esto?

Dios, en verdad, da el pan de cada día, aun sin nuestra oración, a todos los impíos; mas rogamos en esta petición que Él nos lo haga reconocer, para que recibamos con acciones de gracias nuestro pan de cada día.

¿Qué significa, pues, pan de cada día?

Pan de cada día significa todo lo que pertenece al sustento y necesidad de la vida, como comida, bebida, vestido, calzado, casa, hogar, campos, dinero y bienes; además, piadoso consorte, piadosos hijos, piadosos criados, piadosos y fieles superiores, buen gobierno, buen tiempo, paz, salud, disciplina, honra, buenos amigos, fieles vecinos y cosas semejantes.

La Quinta Petición

Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.

¿Qué significa esto?

Rogamos en esta petición que nuestro Padre en el cielo no mire nuestros pecados, ni por causa de ellos nos niegue lo que pedimos; pues no somos dignos de nada de lo que pedimos, ni lo hemos merecido; pero que nos lo dé todo de gracia, porque diariamente pecamos mucho, y realmente no merecemos más que castigo. Asimismo nosotros también perdonamos de corazón, y haremos con agrado todo el bien que podamos a los que nos ofendieron.

La Sexta Petición

Y no nos dejes caer en tentación.

¿Qué significa esto?

Dios, en verdad, no tienta a nadie; mas rogamos en esta petición que Dios nos guarde y preserve, de modo que el diablo, el mundo y nuestra propia carne no nos engañen ni seduzcan a creencias erróneas, desesperación y otros graves vicios y afrentas; y que por fin, aunque fuéremos tentados a ello, sin embargo venzamos y obtengamos la victoria.

La Séptima Petición

Mas líbranos del mal.

¿Qué significa esto?

Rogamos en esta petición, como en resumen, que nuestro Padre celestial nos ampare de todo mal de cuerpo y alma, de bienes y honra; y que por fin, cuando llegue nuestra última hora, nos conceda una muerte bienaventurada, y nos lleve benignamente de este valle de lágrimas a sí mismo en el cielo.

La Conclusión

Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

¿Qué significa amén?

Amén significa que debo estar seguro de que estas peticiones son aceptadas a nuestro Padre celestial y atendidas por Él, porque Él mismo nos ha mandado orar así y prometido que nos atenderá. Amén, amén, quiere decir: Sí, sí, así sea.

IV. EL SACRAMENTO DEL SANTO BAUTISMO

Cómo el jefe de familia debe enseñarlo con toda sencillez en su casa.

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Primero

¿Qué es el Bautismo?

El Bautismo no es solamente simple agua, sino que es el agua comprendida en el mandato de Dios y ligada con la palabra de Dios.

¿Cuál es esta palabra de Dios?

Nuestro Señor Jesucristo dice en el último capítulo de San Mateo: “Id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.”

Segundo

¿Qué dones y beneficios confiere el Bautismo?

El Bautismo confiere la remisión de los pecados, redime de la muerte y del diablo, y da la salvación eterna a todos los que creen lo que dicen las palabras y promesas de Dios.

¿Cuáles son estas palabras y promesas de Dios?

Nuestro Señor Jesucristo dice en el último capítulo de San Marcos: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Tercero

¿Cómo puede el agua hacer cosas tan grandes?

El agua, en verdad, no hace cosas tan grandes, sino la palabra de Dios, que está en unión con el agua, y la fe, que confía en esta palabra de Dios con el agua. Porque sin la palabra de Dios el agua es simple agua y no bautismo; mas con la palabra de Dios es un bautismo, esto es, un agua de vida, llena de gracia, y un lavamiento de regeneración en el Espíritu Santo, como dice San Pablo a Tito en el capítulo tercero: “Por su misericordia nos salvó, por el lavamiento de la regeneración, y por la renovación en el Espíritu Santo; el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna. Palabra fiel es esta”.

Cuarto

¿Qué significa, pues, este bautizar con agua?

Este bautizar con agua significa que el viejo hombre en nosotros debe ser ahogado por pesar y arrepentimiento diarios, y morir con todos los pecados y malos deseos, y en cambio debe salir y resucitar diariamente el hombre nuevo, que viva eternamente delante de Dios en justicia y pureza.

¿Dónde está escrito esto?

San Pablo dice a los Romanos en el capítulo sexto: “Somos sepultados juntamente con Él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.”

V. EL OFICIO DE LAS LLAVES

Cómo el jefe de familia debe enseñarlo con toda sencillez en su casa.

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¿Qué es el Oficio de las Llaves?

El Oficio de las Llaves es el poder peculiar que nuestro Señor Jesucristo ha dado a su iglesia en la tierra, de perdonar los pecados a los penitentes, y de retener los pecados a los impenitentes mientras no se arrepientan.

¿Dónde está escrito esto?

Así escribe el evangelista San Juan en el capítulo veinte: “El Señor sopló sobre ellos, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos.”

¿Qué crees según estas palabras?

Cuando los ministros debidamente llamados de Cristo, por su mandato divino, tratan con nosotros, especialmente cuando excluyen a los pecadores manifiestos e impenitentes de la congregación cristiana, y cuando absuelven a los que se arrepienten de sus pecados y prometen enmendarse -creo que esto es tan válido y cierto, también en el cielo, como si nuestro Señor Jesucristo mismo tratase con nosotros.

Cómo enseñar a la gente a confesarse

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¿Qué es la confesión?

La confesión comprende dos partes: la una, que confesamos los pecados; la otra, que recibimos del confesor la absolución o remisión como de Dios mismo, y no dudamos de ninguna manera, sino que creemos firmemente que por ella los pecados son perdonados ante Dios en el cielo.

¿Qué pecados debemos confesar?

Ante Dios debemos confesarnos culpables de todos los pecados, aun de aquellos que no podemos discernir, como lo hacemos en el Padrenuestro; mas delante del confesor debemos confesar solamente aquellos pecados que sabemos y sentimos en el corazón.

¿Cuáles son ellos?

Aquí considera tu estado según los Diez Mandamientos, si eres padre, madre, hijo, hija, amo, ama, criado; si has sido desobediente, infiel, indolente; si has hecho mal a persona alguna con palabras u obras; si has hurtado, descuidado, derrochado, o hecho algún otro daño.

¡Por favor, indícame una manera breve de confesarme!

De esta manera debes hablarle al confesor:

—«Honorable y estimado señor: os pido que tengáis a bien escuchar mi confesión y declarar el perdón de mis pecados por Dios».

― Di, pues.

—«Yo pobre pecador, me confieso ante Dios que soy culpable de todos los pecados; especialmente me confieso ante vuestra presencia que siendo sirviente, sirvienta, etc., sirvo lamentablemente en forma infiel a mi amo, pues aquí y allí no he hecho lo que me ha sido encomendado, habiéndolo movido a encolerizarse o a maldecir; he descuidado algunas cosas y he permitido que ocurran daños. He sido también impúdico en palabra y obras; me he irritado con mis semejantes y he murmurado y maldecido contra mi amo, etc. Todo esto lo lamento y solicito vuestra gracia; quiero corregirme».

Un amo o ama debe decir así: «En especial confieso ante vuestra presencia que no eduqué fielmente para la gloria de Dios a mi hijo, sirviente, mujer. He maldecido; he dado malos ejemplos con palabras y obras impúdicas; he hecho mal a mi vecino, hablando mal de él, vendiéndole muy caro, dándole mala mercadería y no toda la cantidad que corresponde».

En general, deberá confesarse todo lo que uno ha hecho en contra de los Diez Mandamientos, lo que corresponde según su estado, etc. Si alguien no se siente cargado de tales o aun mayores pecados, entonces no debe preocuparse o buscar más pecados ni inventarlos, haciendo con ello un martirio de la confesión, sino que debe contar uno o dos, tal como él lo sabe. De esta manera: «En especial confieso que he maldecido una vez; del mismo modo, que he sido desconsiderado una vez con palabras, que he descuidado esto», etc. Considera esto como suficiente. Si no sientes ninguno (lo que no debería ser posible), entonces no debes decir nada en particular, sino recibir el perdón de la confesión general, así como lo haces ante Dios en presencia del confesor.

A ello debe responder el confesor:

―«Dios sea contigo misericordioso y fortalezca tu fe, AMÉN. Dime: ¿Crees tú también que mi perdón sea el perdón de Dios?».

—«Sí, venerable señor.»

Entonces dirá:

―«Así como has creído, de la misma forma acontezca en ti (Mt 8:13). Y yo por mandato de nuestro Señor Jesucristo te perdono tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Ve en paz» (Mc 5:34; Lc 7:50, 8:48).

Aquellos que tengan gran carga de conciencia o estén afligidos o atribulados los sabrá consolar e impulsar hacia la fe un confesor con más pasajes bíblicos. Esta debe ser sólo una manera usual de confesión para la gente sencilla.

VI. EL SACRAMENTO DEL ALTAR, O LA SANTA CENA

Cómo el jefe de familia debe enseñarlo con toda sencillez en su casa.

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¿Qué es la Santa Cena?

La Santa Cena es el verdadero cuerpo y sangre de nuestro Señor Jesucristo, con el pan y el vino, para que los cristianos comamos y bebamos, instituido por Cristo mismo.

¿Dónde está escrito esto?

Así escriben los santos evangelistas Mateo, Marcos, Lucas y el apóstol Pablo: “Nuestro Señor Jesucristo, la noche que fue entregado, tomó el pan; y habiendo dado gracias, lo partió y dio a sus discípulos, diciendo: tomad, comed: esto es mi cuerpo que por vosotros es dado: haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos: esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros es derramada para remisión de los pecados; haced esto, todas las veces que bebiereis, en memoria de mí.”

¿Qué beneficios confiere este comer y beber?

Estos beneficios los enseñan las palabras: “Dado y derramada por vosotros para remisión de los pecados”; a saber, que en la Santa Cena se nos da por estas palabras remisión de los pecados, vida y salvación. Porque donde hay remisión de los pecados, allí hay también vida y salvación.

¿Cómo puede este comer y beber corporal hacer cosas tan grandes?

El comer y beber, en verdad, no hace cosas tan grandes, sino las palabras que están aquí escritas: “Dado y derramada por vosotros para remisión de los pecados”; palabras que, junto con el comer y beber corporal, son lo principal en la Santa Cena; y el que cree estas palabras, tiene lo que dicen y prometen, a saber, la remisión de los pecados.

¿Quién, pues, recibe la Santa Cena dignamente?

El ayunar y prepararse corporalmente es, en verdad, una buena disciplina externa, mas es verdaderamente digno y estará bien preparado aquel que tiene fe en estas palabras: “Dado y derramada por vosotros para remisión de los pecados.” Pero el que no cree estas palabras o duda, aquel es indigno y no está preparado, porque las palabras “por vosotros” exigen corazones verdaderamente creyentes.

 

VII. Cómo el jefe de familia debe enseñar a los suyos a orar mañana y noche

Oración de la mañana

Por la mañana, al levantarte, con toda reverencia dirás: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Después, de rodillas o de pie, dirás: Te doy gracias, Padre celestial, mediante Jesucristo, tu amado Hijo, porque me has protegido en la noche pasada de todo mal y peligro, y te ruego que también en este día me guardes de pecado y todo mal, para que te agraden mi vida y todas mis obras. En tus manos encomiendo mi cuerpo, mi alma y todo cuanto soy y tengo. Tu santo ángel sea conmigo, para que el enemigo malo no tenga ningún poder sobre mí. Amén.

Entonces, cantando un himno apropiado cualquiera que te dicte tu corazón, vete con gozo a tu trabajo.

Oración de la noche

Por la noche, antes de acostarte, con toda reverencia dirás: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Después, de rodillas o de pie, dirás el Credo y el Padrenuestro. Puedes también decir esta oración: Te doy gracias, Padre celestial, mediante Jesucristo, tu amado Hijo, porque me has protegido con tu gracia durante el día, y te ruego que me perdones todos mis pecados, en donde he hecho mal, y me guardes con tu gracia en esta noche. En tus manos encomiendo mi cuerpo, mi alma y todo cuanto soy y tengo. Tu santo ángel sea conmigo, para que el enemigo malo no tenga ningún poder sobre mí. Amén.”

Entonces acuéstate y duerme en paz.

 

VIII. Cómo el jefe de familia debe enseñar a los suyos a pedir la bendición y a dar gracias

La bendición

Los hijos y los criados deben ir a la mesa con toda reverencia y, con sus manos juntas, decir: Los ojos de todos esperan en Ti, Señor, y Tú les das su comida a su tiempo. Abres tu mano, y colmas de bendición a todo viviente. Después se dirá el Padrenuestro y esta oración: Oh Señor Dios, Padre celestial, bendícenos y estos tus dones que recibimos de tu gran bondad, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Acciones de gracias

Del mismo modo, después de comer, con toda reverencia y, con las manos juntas, deben decir: Alabad al Señor, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia. Él da alimento a todo ser viviente; a la bestia su mantenimiento, y a los pequeños cuervos que claman. No se deleita en la fuerza del caballo, ni se complace en la agilidad del hombre. Se complace el Señor en los que le temen, y en los que esperan su misericordia.

Después se dirá el Padrenuestro y esta oración: Gracias te damos, Señor Dios Padre celestial, mediante Jesucristo nuestro Señor, por todos tus beneficios, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

IX. Tabla de Deberes

Textos bíblicos selectos para amonestar al cristiano respecto a su oficio y deberes.

Para obispos, pastores y predicadores

Es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad; no un neófito; retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen. 1Ti. 3: 2-6; Tit. 1:9.

Lo que los oyentes deben a sus pastores

Comed y bebed lo que os dieren; porque el obrero digno es de su salario. Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio. Lc. 10:7; 1Co. 9:14.

El que recibe la enseñanza de la Palabra, que haga participar de todos sus bienes al que lo instruye. No se engañen: nadie se burla de Dios. Se recoge lo que se siembra. Gl. 6:6-7.

Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar; pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su salario. 1Ti. 5:17-18.

Les rogamos, hermanos, que sean considerados con los que trabajan entre ustedes, es decir, con aquellos que los presiden en nombre del Señor y los aconsejan. Estímenlos profundamente, y ámenlos a causa de sus desvelos. Vivan en paz unos con otros. 1Ts. 5:12-13.

Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuanta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose porque esto no os es provechoso. Heb. 13:17.

Del gobierno civil

Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay por Dios han sido establecidas. De modo que, quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. Porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo. Ro. 13:1-4.

Para los súbditos

Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios. Mt. 22:21.

Por eso es necesario someterse a la autoridad, no sólo por temor al castigo sino por deber de conciencia. Den a cada uno lo que le corresponde: al que se debe impuesto, impuesto; al que se debe contribución, contribución; al que se debe respeto, respeto; y honor, a quien le es debido. Ro. 13:5-7.

Ante todo, te recomiendo que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres, por los soberanos y por todas las autoridades, para que podamos disfrutar de paz y de tranquilidad, y llevar una vida piadosa y digna. Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador. 1Ti. 2:1-3.

Recuerda a todos que respeten a los gobernantes y a las autoridades, que les obedezcan y estén siempre dispuestos para cualquier obra buena.  Tit. 3:1.

Respeten a toda autoridad humana como quiere el Señor; ya sea el rey, porque es el soberano, ya sea a los gobernadores, como delegados por él para castigar a los que obran el mal y recompensar a los que practican el bien. 1Pe. 2:13-14.

Para los maridos

Maridos, amen a su mujer, y no le amarguen la vida. Col. 3:19.

Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo. 1Pe. 3:7.

Para las esposas

Las mujeres deben respetar a su marido como al Señor. Ef. 5:22.

Como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza. 1Pe. 3:6.

Para los padres

Padres, no irriten a sus hijos; al contrario, edúquenlos,  corrigiéndolos y aconsejándolos, según el espíritu del Señor. Ef. 6:4.

Para los hijos

Hijos, obedezcan a sus padres en el Señor porque esto es lo justo, ya que el primer mandamiento que contiene una promesa es este: Honra a tu padre y a tu madre, para que seas feliz y tengas una larga vida en la tierra. Ef. 6:1-3.

Para los criados, empleados y obreros

Esclavos, obedezcan a sus patrones con temor y respeto, sin ninguna clase de doblez, como si sirvieran a Cristo; no con una obediencia fingida que trata de agradar a los hombres, sino como servidores de Cristo, cumpliendo de todo corazón la voluntad de Dios. Sirvan a sus dueños de buena gana, como si se tratara del Señor y no de los hombres, teniendo en cuenta que el Señor retribuirá a cada uno el bien que haya hecho, sea un esclavo o un hombre libre. Ef. 6:5-8.

Para los amos

Y ustedes, patrones, compórtense de la misma manera con sus servidores y dejen a un lado las amenazas, sabiendo que el Señor de ellos, que lo es también de ustedes, está en el cielo, y no hace acepción de personas. Ef. 6:9.

Para los jóvenes en general

Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os ensalce cuando fuera tiempo. 1Pe. 5:5-6.

Para las viudas

Mas la que en verdad es viuda y ha quedado sola, espera en Dios, y es diligente en súplicas y oraciones noche y día. Pero la que se entrega a los placeres, viviendo está muerta. 1Ti. 5:5-6.

Para todos en general

Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En esta sentencia se comprenden sumariamente todos los mandamientos. Ro. 13:9.

Ante todo, te recomiendo que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres. 1Ti. 2:1

Aprende tú bien tus lecciones:

así tendrás muy ricos dones.

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NOTA

Estas preguntas y respuestas no son juguete, sino que han sido compuestas con toda seriedad y propósito por el venerable y piadoso Dr. Martín Lutero para jóvenes y ancianos. Cada uno debe considerarlas bien y con toda seriedad, pues el apóstol San Pablo dice a los Gálatas en el capítulo sexto: “No se engañen: nadie se burla de Dios.”

Fin del texto del Catecismo Menor de Lutero.

Preguntas cristianas con sus respuestas

Formuladas por el doctor Martín Lutero para los que intentan comulgar.

Después de la confesión e instrucción en los Diez Mandamientos, el Credo, el Padrenuestro, los Sacramentos del Santo Bautismo y la Santa Cena, el confesor preguntará, o uno a sí mismo:

1. ¿Crees que eres pecador?

Sí, lo creo; soy pecador.

2. ¿Cómo lo sabes?

Sé que soy pecador por los Diez Mandamientos, los cuales no he guardado.

3. ¿Sientes pesar por tus pecados?

Sí, siento mucho el haber pecado contra Dios.

4. ¿Qué mereciste de Dios por tus pecados?

Merecí la ira y desagrado de Dios, muerte temporal y condenación eterna.

5. ¿Esperas ser salvo?

Sí, es mi esperanza entrar en la vida eterna.

6. ¿En quién confías para tu salvación?

Confío en mi amado Señor Jesucristo.

7. ¿Quién es Cristo?

Cristo es el Hijo de Dios, verdadero Dios y hombre.

8. ¿Cuántos dioses hay?

Hay un Dios solo; mas hay tres personas: el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo.

9. ¿Qué ha hecho Cristo por ti para que confíes en Él?

Cristo murió por mí, derramando su sangre en la cruz para la remisión de mis pecados.

10. ¿El Padre también murió por ti?

No; el Padre es Dios solamente, el Espíritu Santo también. Mas el Hijo es verdadero Dios y verdadero hombre: Él murió por mí y derramó su sangre por mí.

11. ¿Cómo lo sabes?

Lo sé por el santo Evangelio y por las palabras del Sacramento, y por su cuerpo y sangre que se me dan como prenda en la Santa Cena.

12. ¿Cuáles son estas palabras?

Nuestro Señor Jesucristo, la noche que fue entregado, tomó el pan; y habiendo dado gracias, lo partió y dio a sus discípulos, diciendo: tomad, comed: esto es mi cuerpo que por vosotros es dado: haced esto en memoria de mí.

Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos: esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros es derramada para remisión de los pecados; haced esto, todas las veces que bebiereis, en memoria de mí.

13. ¿Crees, pues, que en la Santa Cena está el verdadero cuerpo y sangre de Cristo?

Sí, lo creo.

14. ¿Qué te hace creerlo?

Me hace creerlo la palabra de Cristo: Tomad, comed: esto es mi cuerpo; bebed de ella todos: esto es mi sangre.

15. ¿Qué debemos hacer cuando comemos su cuerpo y bebemos su sangre, recibiendo así la prenda de su promesa?

Debemos anunciar su muerte y el derramamiento de su sangre, y pensar como Él enseñó: Haced esto, todas las veces que bebiereis, en memoria de mí.

16. ¿Por qué debemos pensar en la muerte de Cristo y anunciarla?

Debemos aprender a creer que ninguna criatura ha podido expiar nuestros pecados, sino Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre; y debemos aprender también a considerar con temor nuestros pecados y conocerlos en verdad como graves, y regocijarnos y consolarnos solo en Él, y por tal fe ser salvos.

17. ¿Qué indujo a Cristo a morir por tus pecados y expiarlos?

Cristo murió por mí movido por su gran amor para con su Padre, para conmigo y los demás pecadores, como está escrito en Jn. 15:13; Ro. 5:8; Gl. 2:20; Ef. 5:2.

18. En fin, ¿por qué deseas comulgar?

En la Santa Cena quiero aprender a creer que Cristo murió por mis pecados, por el gran amor que tiene para conmigo, como queda dicho; y quiero aprender también de Él a amar a Dios y a mi prójimo.

19. ¿Qué ha de amonestar y animar al cristiano a que comulgue con frecuencia?

Respecto a Dios, tanto el mandato como la promesa del Señor Jesucristo deben animar al cristiano a comulgar frecuentemente; mas con respecto a sí mismo, la miseria que lo aflige debe impulsarlo, debido a la cual se dan tal mandato, estímulo y promesa.

20. Pero, ¿qué debe hacerse uno, si no siente esa miseria, ni tampoco esa hambre y sed por la Santa Cena?

A tal no se podrá aconsejar mejor que, en primer lugar, ponga su mano en su pecho y palpe si tiene todavía carne y sangre, y crea lo que las Sagradas Escrituras dicen: Gl. 5:19; y Ro. 7:18.

En segundo lugar, debe mirar en torno de sí, para ver si está aún en el mundo, y debe pensar que no faltarán pecados y miserias, como dicen las Sagradas Escrituras: Jn. 15:18; 16:20 y 1Jn 2:15-16; 5:19.

En tercer lugar, seguramente tendrá también al diablo muy cerca de sí, quien con mentiras y asechanzas de día y noche no lo dejará en paz interior ni exteriormente, como lo describen las Sagradas Escrituras: Jn. 8:44; 1Pe. 5:8-9; Ef. 6:11-12; 2Ti. 2:26.

 

Plan de Enseñanza del Catecismo Menor

Unidades:

1) La Biblia, la Palabra de Dios

2) Los Diez Mandamientos: la voluntad de Dios.

3) Primer y Segundo Mandamiento.

4) Tercer Mandamiento.

5) Cuarto Mandamiento.

6) Quinto Mandamiento.

7) Sexto Mandamiento.

8) Séptimo Mandamiento.

9) Octavo Mandamiento.

10) Noveno y Décimo Mandamiento.

11) El Credo, la fe en Dios Trino.

12) Primer Artículo del Credo: el Padre.

13) Segundo Artículo del Credo: el Hijo.

14) Tercer Artículo del Credo: el Espíritu Santo.

15) El Padrenuestro: la oración a Dios.

16) Introducción y Primera Petición.

17) Segunda y Tercera Petición.

18) Cuarta Petición – Oración de la Mañana.

19) Quinta Petición – Oración de la Noche.

20) Sexta, Séptima Petición y Conclusión.

21) El sacramento del Bautismo: Primera y Segunda parte.

22) El sacramento del Bautismo:Tercera y Cuarta Parte.

23) El Oficio de las Llaves (confesión y absolución).

24) El Sacramento de la Santa Cena: Qué es y Dónde está escrito.

25) El Sacramento de la Santa Cena: Qué beneficios confiere y quién lo recibe dignamente.

26) La Tabla de Deberes: la Iglesia.

27) La Tabla de Deberes: el Estado.

28) La Tabla de Deberes: la Familia.

29) Preguntas Cristianas.